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Soltando al Valle de Sensaciones

Mi ultima invitación

Fecha:
24.9.2026

Mi ultima invitación

Hola amig@ de Resonancia Community

Os escribo porque mi etapa como guardián del Valle de Sensaciones está llegando a su fin, con una última invitación a vivir el Valle y también una petición de apoyo.

Probablemente hoy firme el contrato mediante el cual el Valle pasará a manos de un grupo maravilloso y muy motivado, que llegará dentro de aproximadamente un mes para llenarlo de nueva vida.

Hasta entonces, el Valle queda abierto una vez más durante un último ciclo lunar para ser vivido y disfrutado. Pero también necesita la energía, la presencia y el cuidado de personas que se sienten conectadas con él.

Pero empecemos desde el principio.

Hace algo más de 25 años llegué aquí como nómada, y el Valle me llamó con tanta intensidad que espontáneamente puse fin aquí a 14 años de vida viajera. En contacto íntimo con su naturaleza y con los espíritus del lugar nació la visión de este loco espacio artístico y vivencial para una vida cercana a la naturaleza, comunitaria y sensual. Sin pensarlo demasiado, lleno de creatividad y ganas de jugar y crear, empecé, con el apoyo de mis padres y de muchas manos que vinieron a ayudar y aprender, a dar forma a este parque de juegos natural y a llenarlo de vida.

Nunca me ocupé demasiado de las cuestiones prácticas: ni de burocracia, ni de estructuras organizativas, ni de planes concretos de futuro. El Valle de Sensaciones nació principalmente de la fuerza de la creatividad, de la alegría de vivir y explorar, y de todas las almas inspiradoras que participaron en el proyecto durante períodos más cortos o más largos.

Muchas personas han vivido experiencias muy profundas aquí durante estos 25 años, probablemente también por la pureza y la locura de este enfoque. Algunas incluso cambiaron completamente su vida a raíz de lo que vivieron aquí. Y otras también se marcharon espantadas del lugar.

Un conflicto que me ha acompañado durante prácticamente los 25 años, y que nunca llegué a resolver realmente, fue que llevo dentro el sueño de un convivir basado en la resonancia libre y la responsabilidad propia, mientras que yo mismo no tengo ni el don ni las ganas de dirigir a otras personas.

Al mismo tiempo, la vida en comunidad, especialmente en un entorno tan poco convencional, necesitaba a menudo una orientación que muchas veces se esperaba de mí.

Necesité años para comprender esta dinámica y este campo de tensión.

Uno de los principales campos de mi creatividad pasó entonces a ser la creación de herramientas que pudieran ayudar a coordinar una comunidad basada en la autoorganización, o incluso en la resonancia, sin necesidad de figuras de liderazgo. La más conocida y probablemente la que mejor funcionó fue el “Community Mandala”, nuestro “juego de la cocina”.

A pesar de todo, este tema nunca llegó a resolverse del todo. Como consecuencia, viví gran parte del tiempo con la sensación de no estar cumpliendo adecuadamente con el papel de iniciador del proyecto, mientras que rara vez alguien asumía plenamente esa responsabilidad.

Desde la pausa del Covid, como muy tarde, decidí soltar este conflicto de roles. Me fui a vivir fuera del Valle y ahora vivo tanto en el pueblo cercano como nuevamente de forma nómada.

Desde entonces he intentado seguir dando al Valle de Sensaciones espíritu, sentido y utilidad mediante invitaciones no comerciales a grupos autogestionados, eventos temporales o alquileres. Pero tampoco resultó ser una solución sostenible, y durante los últimos años el Valle ha pasado períodos cada vez más largos vacío y con cierto abandono.

Cuando volvimos de Kenia la primavera pasada encontramos bastantes cosas dañadas por los temporales.

En ese momento lo tuve inmediatamente claro: iba a soltar mi querido proyecto y entregarlo a otras manos que pudieran volver a cuidar y llenar este paraíso con una nueva pasión. Desde entonces estoy viviendo un proceso muy intenso de soltar, lleno de recuerdos, de agradecimiento y también de muchas lágrimas.

Ahora voy a entregar el Valle de Sensaciones a las “Hadas del Sol”, la tribu española de los Radical Faeries. De todo lo que he conocido durante estos 25 años de laboratorio comunitario, las Hadas del Sol son probablemente quienes más se acercan a mi propio sueño comunitario.

Viven la comunidad con muchísima creatividad, libertad y alegría de vivir, llena de amor y con una sorprendente facilidad en el convivir. Me han demostrado que es posible crear y sostener un espacio comunitario y vivencial sin jerarquías y sin una lógica comercial.

Me hace muchísima ilusión poder vivir dentro de un mes cómo estas maravillosas y locas Faeries vuelven a llenar el Valle de vida. Y también me alegra poder seguir participando yo mismo, desde la libertad, sin expectativas especiales sobre mi papel y sin cargar con una responsabilidad superior sobre el conjunto.

Ahora quedan todavía unas cuatro semanas durante las cuales el Valle sigue estando bajo mi responsabilidad, y quiero aprovechar este tiempo para ofrecer especialmente a quienes sienten una conexión con este lugar la posibilidad de volver a visitarlo y darle vida una vez más.

Al mismo tiempo, también quiero pediros vuestro apoyo. Después de los temporales del invierno pasado, el Valle está actualmente algo salvaje: ramas caídas, cañas dobladas, mucha vegetación, hojas acumuladas... Y últimamente también ha habido varios robos. Se han llevado partes del sistema de agua y parte de la instalación eléctrica.

Por ello, el nivel de confort actual se parece bastante al de los primeros años del proyecto: duchas con la manguera del jardín y poca iluminación eléctrica. Antes de volver a instalar completamente el agua y la electricidad, algo que se puede hacer relativamente rápido, quiero esperar a que vuelva a haber vida permanente en el Valle, para evitar que vuelvan a llevárselo todo.

Así que, si te apetece pasar unas semanas en el Valle y la situación actual no te asusta, eres muy bienvenido. Para mí sería una gran ayuda que vinieran antiguos amigos del proyecto, o también personas nuevas, y que con ganas de colaborar, flexibilidad y capacidad de adaptación ayudaran a darle vida una vez más.

Eso sí: durante este período, quienes habiten el Valle tendrán que gestionar por su cuenta sus compras y las necesidades cotidianas de la vida en el lugar. Nosotros vivimos en el pueblo cercano, y yo normalmente voy al Valle durante unas horas para ir reparando y preparando poco a poco diferentes cosas.

Pues si te apetece vivir una vez más el Valle y cuidarlo durante este último ciclo, espero tu mensaje.